En Portland, estos oficiales tienen las manos atadas por políticas que los convierten en sacos de boxeo verbales. Se ven obligados a quedarse ahí y soportar una lluvia de abusos de una mujer desquiciada porque sus directrices priorizan la "desescalada" sobre la ley y el orden. ​Si reaccionan, arriesgan una investigación por mala conducta. Es una completa vergüenza.