En 1979, Michel Foucault —aún una figura imponente en la izquierda— celebró con entusiasmo la Revolución Iraní. ¿Por qué? Los ayatolás se oponían al "imperialismo" occidental, y el islam era presentado como una fuerza de despertar "espiritual". Medio siglo después, esta ilusión campista sigue vigente.