Los humanos no optimizamos para "el futuro", optimizamos para el estatus, la tribu, la comodidad, la seguridad a corto plazo. Las democracias recompensan el ruido performativo, mientras que los mercados recompensan la extracción inmediata. Apostar por la sabiduría universal es como apostar a que los gatos escriban sinfonías. ¿Estamos condenados?